YAY, ASCENTRAL DE SANARE
Yay
José Nemecio Godoy A.
Dedicado al sanareño Antonio Soto, artista del pincel
En la parte Norte de Sanare, Distrito Andrés Eloy Blanco, a unos cinco kilómetros de distancia, se encuentran el importante caserío Yay, que antiguamente fue un lugar muy atractivo y su gente muy laboriosa, quienes se dedicaban con cariño, con mística y esperanza, a la industria casera: la cerámica (loceras de Yay), los panes, acemitas, los famosos bizcochos dulces y salados, la fabricación de finísimos peines de palo, también el cultivo de frutos menores y la cría de animales; allí no había miseria porque todos se ocupaban de trabajar para la subsistencia.
Alfarería tradicional de la región — Las loceras de Yay
El caserío está ubicado en una zona montañosa, rodeado de naturaleza exuberante, con un clima agradable que favorecía el desarrollo de estas actividades artesanales. Las mujeres, especialmente, eran las encargadas de la elaboración de la cerámica, heredando técnicas ancestrales de generación en generación. Sus manos expertas moldeaban el barro con destreza, creando piezas únicas que eran comercializadas en los mercados cercanos.
Los hombres, por su parte, se dedicaban a la agricultura y a la elaboración de los peines de palo, utilizando maderas locales de excelente calidad. Estos peines eran reconocidos en toda la región por su finura y durabilidad, convirtiéndose en uno de los productos emblemáticos del lugar.
La comunidad de Yay mantenía vivas las tradiciones culturales, celebrando festivales donde se exhibían las artesanías locales y se interpretaba música tradicional. El vals, en particular, era muy apreciado, y no faltaban ocasiones para que los habitantes se reunieran a bailar y a cantar las coplas que narraban la historia y las costumbres del pueblo.
El pan de Yay — Tradición de horno de leña
La panadería era otra de las actividades fundamentales. Los hornos de leña producían diariamente panes crujientes y aromáticos, acemitas que acompañaban el café de la mañana, y los deliciosos bizcochos que endulzaban las tardes. El aroma a pan recién horneado se mezclaba con el olor a barro húmedo de la cerámica, creando una atmósfera única que caracterizaba al caserío.
El Vals de Yay
Letra y música tradicional
donde el viento canta su canción,
está Yay con su gente laboriosa,
trabajando con el corazón.
con sus manos de artistas lo hacen,
mientras el pan huele en el horno,
y el pueblo sus historias teje.
frutos menores de la tierra,
Yay es un pueblo de artesanos,
donde la tradición no se entierra.
con alegría y con amor,
celebrando nuestras costumbres,
en esta tierra de ilusión.
Hoy en día, aunque muchas de estas tradiciones han disminuido debido a la migración y los cambios económicos, aún persisten esfuerzos por mantener vivas estas artesanías. Artistas como Antonio Soto han contribuido a preservar la memoria visual de Yay a través de sus pinturas, capturando en sus lienzos las escenas cotidianas del caserío y su gente trabajadora.
Los Andes larenses — Tierra de memoria y tradición
La memoria de Yay permanece en quienes la vivieron, en los relatos que se transmiten de padres a hijos, y en el reconocimiento de que en este pequeño rincón del norte de Sanare, existió una comunidad que supo crear belleza y sustento con sus propias manos, manteniendo viva la dignidad del trabajo artesanal.
Que este testimonio sirva de homenaje a todos los yayenses que, con su esfuerzo diario, construyeron una tradición digna de ser recordada y preservada para las generaciones futuras.
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